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Los síntomas de una deficiente Gestión de
Identidades son claros: tiempo perdido y burocracia
hasta que se da acceso a los usuarios, gran
cantidad de contraseñas sin modificar, falta
de Single Sign On, privilegios excesivos que
se acumulan y no caducan, accesos que no se
autorizan por la persona adecuada, cuentas
fantasma de las que se desconoce el propietario
y no se atreven a borrar, enormes dificultades
para auditar los accesos de un usuario y determinar
quién lo autorizó, etc.
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